Yo. arrodillado, juro que creo, y abjuro y aborrezco mis errores y me someto al castigo.
Galileo Galilei.
Como Darwin, como Arquímedes, como Newton, como Copérnico, como Einstein, Galileo es una de las figuras centrales de la historia de la ciencia. Pero si a aquellos se los asocia generalmente con tal o cual teoría, Galileo es más complejo, más difuso: es una luz no puntual que ilumina a través de] tiempo y que llega a todos los rincones. La condena por parte de la Iglesia, que lo obligó a pasar los últimos años de su vida recluido en una villa cerca de Roma, lo convirtió merecidamente en un mártir y en un símbolo de la lucha entre la razón y el oscurantismo. Su actividad multifacética hace que se lo encuentre en cada recodo. La historia de la torre de Pisa (aunque probablemente falsa) atestigua la voluntad de transformarlo en un campeón (o por lo menos en un símbolo) de] nuevo método experimental. Su insistencia en el matematismo del mundo lo muestra como un avanzado de las ideas que, sólo cincuenta años más tarde, estallarán con Newton. Lo cierto es que Galileo está en la base misma de uno de los períodos más brillantes de la historia de la ciencia. Con justicia puede considerárselo el fundador de la física moderna, y junto a Kepler, uno de los grandes responsables del triunfo del sistema copernicano. Había nacido en Pisa el 15 de febrero de 1564, y su padre lo destinó al estudio de la medicina: pero Galileo se orientó rápidamente hacia la física y la astronomía. En uno y otro campo sus contribuciones fueron decisivas. Fue probablemente el primero en enfocar un telescopio hacia el cielo, inaugurando una nueva era: vio a la
Vía Láctea disolverse en un mar de estrellas, y vio manchas en el Sol -con lo cual destruyó la supuesta perfección del astro rey- y, lo, que es más importante, encontró satélites girando alrededor de júpiter, con lo cual asestó un golpe formidable al dogma de que todo giraba alrededor de la Tierra, y proporcionó una fanfarria más al triunfal ascenso del sistema copernicano.
En la mecánica, Galileo se dedicó al estudio del movimiento: su descubrimiento temprano de las leyes del péndulo es apenas un jalón, coronado muchos años más tarde al enunciar la ley de la caída de los cuerpos, tras haber encontrado la solución de un problema que no habían podido resolver sus labulosos precursores y contemporáneos Copérnico, Giordano Bruno, Kepler, De-scartes. Para el aristotelismo, la velocidad de caída dependía del peso: Galileo estableció que todos los cuerpos caen en el vacío con la misma aceleración, y la ley que rige el camino recorrido: proporcionalidad al cuadrado del tiempo transcurrido. Al formular esta ley en forma precisa y contundente, Galileo pone en entredicho toda la física de Aristóteles (y la del ímpetus). ¿Cómo llega a este resultado? ¿Qué es exactamente lo que hace? No es tirar esferas iguales desde lo alto de la torre de Pisa -aunque podría haberío hechosino, además de medir y experimentar, imaginar, plantear las condiciones ideales para el experimento y razonar sobre la base de ellas, es decir, abstraer. Esto, que hoy en día resulta obvio para cualquier estudiante que se inicie en el estudio de las ciencias, no lo era entonces ni mucho menos. Nada iba a avanzar hasta que no se rompiera con el espacio compacto y carente de vacío de Aristóteles, donde los móviles se dirigían a sus lugares preestablecidos, y hasta que no se tratara al espacio físico como una entidad geométrico, euclideana y, como tal, abstracta. Galileo comprende que el mundo, por lo menos tal como lo explica la ciencia, es abstracto, y que el lenguaje a utilizar para describirlo es el lenguaje matemático. Aquí hay una ruptura no sólo física, sino filosófica, de una magnitud que ahora es dificil apreciar y que puede compararse -si se quiere- con la que inicia Descartes sentado frente a su chimenea en Holanda, estableciendo la duda metódica y partiendo de cero para reformular la filosofía occidental. "El libro de la naturaleza está escrito en caracteres matemáticos", dijo Galileo, enunciando el principio general de la nueva física; poco más tarde, Newton escribiría ese libro.
Pero más allá de todos sus descubiimientos, y del decisivo empujón que dio a la ciencia, Galileo es el símbolo de la lucha entre la verdad y el poder: no debe extrañar que haya inspirado a escritores, poetas y generaciones de científicos. Sin embargo, más que el personaje que nos muestra Brecht, Galileo parece una creación de Milan Kundera. Su retractación fue quizás el acto más lúcido de su vida, y una de las mayores enseñanzas que nos dejó, además de una preciosa contribución al método experimenta]: en vez de inmolarse en el altar de la verdad y en aras de un heroísmo dudoso, hace lo que le exigen sus jueces, sabiendo que nada cambiará porque alguien firme o confiese tal o cual cosa: en suma, que la estupidez no puede triunfar sino momentáneamente. La tal vez falsa anécdota del susurro por lo bajo ("igual se mueve"), que "se non é vera é ben trovata", resulta completamente redundante.
martes, 11 de junio de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
La biotecnología y sus promesas
DIALOGO CON MARIA ANTONIA MUñOZ DE MALAJOVICH, DOCTORA EN CIENCIAS BIOLOGICAS DE LA UFRJ
Para los más entusiastas, la biotecnología promete grandes soluciones en
los campos de la salud, la agricultura y hasta bio-remediar la
contaminación ambiental. Para otros, siempre está presente el miedo de
que la modificación genética desarrolle males peores.
–Usted acaba de publicar una segunda edición de un libro sobre biotecnología. ¿Qué tiene que ver eso con su trabajo?
–Yo coordino el área de biotecnología en el Instituto de Tecnología
ORT de Río de Janeiro. Desde fines de la década del 80 comencé a
interesarme en el tema, luego de una reunión en Israel en la que se
habló tanto de robótica como de biotecnología. El director de ORT Brasil
me sugirió hacer un proyecto sobre biotecnología. Imagínese: fines del
’80, no había Internet, todo era mucho más complicado. El proyecto
resultó muy interesante, y logramos montar un curso de biotecnología.
ORT Brasil es una escuela que da enseñanza técnica de nivel medio (como
las de acá). Como coordinadora de biotecnología monté los cursos y los
laboratorios y me encontré con la dificultad de encontrar textos de
biotecnología o cualquier cosa para que mis alumnos estudiaran. Me puse
entonces a escribir pequeñas cosas, y en el 2000 un ex alumno me
contactó con una editora para publicar el libro de biotecnología. Este
libro llegó a la Argentina gracias a algunos amigos, se hizo una
traducción en la Universidad de Quilmes y ahora se viene la segunda
edición.–¿Y qué investiga?
–Hago una investigación de tipo más docente, no hago una investigación científica regida por los moldes de las universidades. Una de mis preocupaciones es cómo enseñar biotecnología de una manera práctica, económica y accesible.
–¿Cómo se hace?
–Trabajando, buscando protocolos, adaptándolos, simplificando, experimentando. Y también inventando. Por otra parte, tengo una página en la cual divulgo todos estos trabajos de tal manera que un profesor pueda tener acceso a la información. Eso me ha dado mucho reconocimiento en Brasil. Al mismo tiempo, colaboro en entrenamiento de los ganadores de las olimpíadas de biología y actúo en la dirección científica de la Asociación Nacional de Bioseguridad.
–¿En qué punto está la biotecnología ahora?
–Dicen que las tecnologías en general tienen un crescendo de 50 años y luego se estabilizan. Yo creo que todavía falta para llegar al punto de estabilización, pero también creo que ha hecho ya grandes cambios y que va hacer cambios aún más grandes en nuestra vida.
–¿Qué está haciendo ahora?
–Aplicaciones en el campo agrícola (y eso va a continuar); en el área de medicamentos se están diseñando algunos más eficientes, más dirigidos...
–¿Por qué la biotecnología incide en la fabricación de medicamentos?
–Buena parte de los medicamentos son proteínas, moléculas muy grandes que uno puede sintetizar fácilmente. Si se puede trasladar un gen a una bacteria o un animal, uno tiene una especie de fábrica ya montada que “prepara” la proteína: luego uno la puede aislar y la obtiene más fácil. Aquí tenemos un aspecto de la biotecnología que a mí me llama mucho la atención, que es la distancia entre lo que se dice que se va a hacer y lo que se hace. Yo siempre digo que la biotecnología es lo que llega al mercado e incide sobre la vida cotidiana; el resto es investigación científica que podrá o no llegar a ser una aplicación biotecnológica. Si nos ponemos a fantasear podemos pensar cualquier cosa, pero yo creo que van a ser en última instancia aplicaciones muy concretas (en el campo ambiental, el agrícola, el de salud). No me gusta entrar en la fantasía de lo que podemos llegar a hacer.
–Pero hay líneas de investigación... Por ejemplo, en lo medioambiental, ¿para qué puede servir?
–Existen posibilidades de bio-remediar, es decir, utilizar organismos biológicos para eliminar la contaminación ambiental. Esto se puede aplicar a innumerables situaciones, porque lo más interesante de todo es que cada situación requiere una solución personalizada. Cada situación debe ser estudiada en su particularidad para ver si lo que en términos generales uno piensa que puede funcionar efectivamente funciona. Lo que me parece más interesante de la biotecnología es, entonces, la diversificación. Cada situación es única y requiere respuestas puntuales.
–La biotecnología es algo muy novedoso y da la posibilidad de intervenir en el torrente biológico. Me parece que por eso despierta toda clase de fantasías.
–Yo creo que el hombre ha modificado el ambiente biológico desde que salió de la caverna. Las posibilidades tecnológicas, sin embargo, son mayores ahora. Y nos enfrentamos por eso a varios mitos: el mito de la caja de Pandora, por ejemplo, que supone que podemos hacer surgir un monstruo espantoso; el mito del Arca de Noé, según el cual uno puede mezclar una especie con otra (como si eso no hubiera sido hecho en la genética anteriormente)... Hay un miedo a modificar una cosa que ya está predeterminada: la “Creación”. Para algunas personas es muy controversial intervenir en la naturaleza. La idea es modificar, sí, con buen sentido y con buen criterio, para ver qué se puede hacer para mejorar el planeta, la humanidad y la vida de la gente.
–¿Y quién garantiza el buen sentido y el buen criterio?
–En primer lugar, las personas que lo hacen. Luego tiene que haber, sin duda, instituciones que regulen y controlen eso. Las grandes discusiones surgen cuando la gente no siente que exista una estructura que la proteja. Dentro de los gobiernos tiene que haber estructuras que analicen cada cuestión que la biotecnología genere.
–Sin embargo, hay muchas cosas que tienen mucho respaldo institucional y no hacen que la gente se sienta segura. Un ejemplo es lo que está pasando con el glifosato acá o lo que pasa con la energía nuclear.
–Pero al público no lo convence por muchos motivos, uno de los cuales es que duda de las propias autoridades. Pero también porque falta mucho conocimiento: hay una gran caída en el nivel de enseñanza de ciencias en todo el mundo. El conocimiento queda entonces en un pequeño grupo que toma las decisiones. La mejor solución para esto sería enseñar ciencias bien, de tal manera que las personas puedan participar de lo que se hace. Pero llega un punto en la tecnología en que el “gran público” no puede participar. Por eso digo que es importante tener grupos que puedan dar la certeza de que las cosas se están haciendo bajo parámetros aceptables.
–¿Y no puede ser que la biotecnología produzca algún desastre ambiental? En plantas, por ejemplo.
–Es muy difícil que eso ocurra. En general, en biotecnología (como en cualquier tecnología) el riesgo cero no existe. Lo que se puede hacer es mitigar los posibles efectos negativos de lo que uno hace. Pero cuando se usa una planta, una planta transgénica por ejemplo, se la usa sabiendo que tiene condiciones que no pueden generar plagas.
–El problema que hay con esas cosas es que en el mediano plazo no se sabe qué puede pasar.
–Hay estudios que permiten saber qué puede pasar. Yo no tengo tantas dudas al respecto. Creo que hay un público que se preocupa mucho con esas cosas. De la biotecnología tal como era veinte años atrás, lo que yo veo hoy es que hay una organización mayor.
–¿Y qué es lo que está pasando en biotecnología ahora?
–Hay un desarrollo que va creciendo e impactando en diferentes áreas de diferentes modos. Me parece que eso es lo central.
lunes, 3 de junio de 2013
Un éxito inesperado
Lucharás con el hierro y lo harás
radiactivo
y perseguirás al oro como Aquiles a Héctor
en las murallas de Troya
y finalmente lo harás
radiactivo.
Pero no podrás conmigo.
De casilla a casilla, de lugar a lugar,
de sitio a sitio
de la Tabla
Periódica
harás radiactivo todo lo que tocas
irradiarás la plata, el zinc, el aluminio
el litio humilde, el tungsteno poderoso,
el extraño lantano, y el tecnecio
que no existe en la tierra
como un mito
que se extinguió hace mucho,
y el cobre alado
y el modesto berilio
y el fósforo y el azufre que recuerdan al Diablo.
pero no lograrás que yo emita
Aquí me quedaré, íntegro, estable
como fui siempre.
George
Hofheimer, Contra la Radiactividad Artificial, en Antología de la Literatura Radiactiva,
tomo V, poesía y radiación.
viernes, 31 de mayo de 2013
NUEVA ESTRELLA EN UN CIELO INMUTABLE
"Ya no apruebo la realidad de aquellas esferas cuya existencia había admitido antes apoyado en la autoridad de los antiguos. Actualmente estoy seguro de que no hay esferas sólidas en el cielo, independientemente de que se crea que hacen girar a las estrellas o son arrastradas por ellas"
Tycho Brahe (1546-1601)
Las opiniones del señor Tycho Brahe no son sólo risibles, absurdas, ridículas, improcedentes y estúpidas, sino que además son falsas. La solidez, y existencia de las esferas está absoluta y totalmente probada, como lo demuestra el hecho de que así se afirma en el artículo "esferas" (Vol III) de esta misma Encyclopedia.
Encyclopedia of Spurious Science, vol VIII, 1599
La curiosa noche del 11 de noviembre de 1572, un joven estudiante de astronomía, de nombre Tycho Brahe, que con los años llegaría a ser uno de los más grandes astrónomos de su época, volvía a su casa después de una noche de trabajo en el laboratorio de alquimia de su tío Steen Bille. Al echar una mirada al cielo, descubrió que algo había cambiado allí arriba: había una estrella nueva, más brillante que el planeta Venus, donde antes no había absolutamente nada.
La aparición de un fenómeno celeste de este tipo, en aquellas épocas de revolución y cambio en la astronomía, cuando la teoría de Copérnico andaba dando vueltas, era una cosa muy seria.
Uno de los pilares de la cosmología antigua y medieval, inspirada por Aristóteles y establecida por Hiparco y Tolomeo, consistía en la división del mundo celeste en dos regiones claramente diferenciadas: sublunar y supralunar.
La región sublunar estaba ocupada por la tierra (en el centro de universo), y era el escenario de los fenómenos de cambio: la materia se pudría y degradaba, los vientos soplaban, los rayos caían y los fenómenos atmosféricos (entre los cuales se incluía a los cometas) daban la sensación de sistemática y permanente transformación.
Pero más allá de la Luna, todo era muy distinto. Allí, en el mundo supralunar reinaba la etérea serenidad de las esferas, que arrastraban al sol, a la Luna, a los planetas, y a las estrellas. Según la doctrina aristotélica, en el mundo supralunar nada podía sufrir cambio alguno: era un lugar eternamente constante e igual a sí mismo, que giraba monótonamente (y para siempre, y desde siempre) en torno a este antro de corrupción donde habitamos nosotros. Nunca una estrella podía extinguirse. Si ahí estaba, ahí estaría siempre. De la misma manera, ninguna estrella podía aparecer.
La mayoría de los astrónomos y observadores consideraron, por lo tanto, que la nueva estrella no era sino un fenómeno sublunar, algún cometa particularmente brillante, o cualquier otra cosa por el estilo. Pero Tycho Brahe era obsesivo. Y aunque no copernicano, tenía sus dudas sobre el sistema aristotélico y una asombrosa capacidad de observación. Así, se dedicó a medir la posición de la estrella nueva a lo largo de una noche entera.
Ahora bien: como la tierra rota, si observamos un objeto al principio de la noche y al final, no lo estamos abservando desde el mismo lugar y su posición debe aparecer ligeramente variada: este fenómeno es conocido como "paralaje". Para los objetos muy cercanos, (más acá de la luna), el paralaje nocturno es bastante notable y perfectamente detectable con los instrumentos de Tycho, anteriores al telescopio.
Y ocurrió que después de una serie de observaciones nocturnas, Tycho llegó a la conclusión de que no existía paralaje alguno, y por lo tanto la nueva estrella estaba situada más allá de la esfera de la Luna.
Era un golpe mortal para la teoría aristotélica de la inmutabilidad de los cielos: en 1573, Tycho publicó un pequeño volumen titulado De Nova Stella, donde resumía sus observaciones. Para entonces, la nueva estrella, ya había desaparecido del cielo.
En realidad, lo que Tycho y sus contemporáneos habían visto era una supernova fenómeno estelar en el cual una estrella explota violentamente y multiplica miles de veces su luminosidad. Ni Tycho ni nadie podía sospechar semejante cosa, pero lo cierto es que la parición y desaparición de una estrella en un cielo teóricamente inmutable fue uno más de los golpes de gracia que ayudaron al triunfo del sistema copernicano. La furiosa afirmación de la Encyclopedia of Spurious Science estaba, pues, completamente justificada, ya que jamás se equivocó cuando se trataba de defender una causa perdida.
Tycho Brahe (1546-1601)
Las opiniones del señor Tycho Brahe no son sólo risibles, absurdas, ridículas, improcedentes y estúpidas, sino que además son falsas. La solidez, y existencia de las esferas está absoluta y totalmente probada, como lo demuestra el hecho de que así se afirma en el artículo "esferas" (Vol III) de esta misma Encyclopedia.
Encyclopedia of Spurious Science, vol VIII, 1599
La curiosa noche del 11 de noviembre de 1572, un joven estudiante de astronomía, de nombre Tycho Brahe, que con los años llegaría a ser uno de los más grandes astrónomos de su época, volvía a su casa después de una noche de trabajo en el laboratorio de alquimia de su tío Steen Bille. Al echar una mirada al cielo, descubrió que algo había cambiado allí arriba: había una estrella nueva, más brillante que el planeta Venus, donde antes no había absolutamente nada.
La aparición de un fenómeno celeste de este tipo, en aquellas épocas de revolución y cambio en la astronomía, cuando la teoría de Copérnico andaba dando vueltas, era una cosa muy seria.
Uno de los pilares de la cosmología antigua y medieval, inspirada por Aristóteles y establecida por Hiparco y Tolomeo, consistía en la división del mundo celeste en dos regiones claramente diferenciadas: sublunar y supralunar.
La región sublunar estaba ocupada por la tierra (en el centro de universo), y era el escenario de los fenómenos de cambio: la materia se pudría y degradaba, los vientos soplaban, los rayos caían y los fenómenos atmosféricos (entre los cuales se incluía a los cometas) daban la sensación de sistemática y permanente transformación.
Pero más allá de la Luna, todo era muy distinto. Allí, en el mundo supralunar reinaba la etérea serenidad de las esferas, que arrastraban al sol, a la Luna, a los planetas, y a las estrellas. Según la doctrina aristotélica, en el mundo supralunar nada podía sufrir cambio alguno: era un lugar eternamente constante e igual a sí mismo, que giraba monótonamente (y para siempre, y desde siempre) en torno a este antro de corrupción donde habitamos nosotros. Nunca una estrella podía extinguirse. Si ahí estaba, ahí estaría siempre. De la misma manera, ninguna estrella podía aparecer.
La mayoría de los astrónomos y observadores consideraron, por lo tanto, que la nueva estrella no era sino un fenómeno sublunar, algún cometa particularmente brillante, o cualquier otra cosa por el estilo. Pero Tycho Brahe era obsesivo. Y aunque no copernicano, tenía sus dudas sobre el sistema aristotélico y una asombrosa capacidad de observación. Así, se dedicó a medir la posición de la estrella nueva a lo largo de una noche entera.
Ahora bien: como la tierra rota, si observamos un objeto al principio de la noche y al final, no lo estamos abservando desde el mismo lugar y su posición debe aparecer ligeramente variada: este fenómeno es conocido como "paralaje". Para los objetos muy cercanos, (más acá de la luna), el paralaje nocturno es bastante notable y perfectamente detectable con los instrumentos de Tycho, anteriores al telescopio.
Y ocurrió que después de una serie de observaciones nocturnas, Tycho llegó a la conclusión de que no existía paralaje alguno, y por lo tanto la nueva estrella estaba situada más allá de la esfera de la Luna.
Era un golpe mortal para la teoría aristotélica de la inmutabilidad de los cielos: en 1573, Tycho publicó un pequeño volumen titulado De Nova Stella, donde resumía sus observaciones. Para entonces, la nueva estrella, ya había desaparecido del cielo.
En realidad, lo que Tycho y sus contemporáneos habían visto era una supernova fenómeno estelar en el cual una estrella explota violentamente y multiplica miles de veces su luminosidad. Ni Tycho ni nadie podía sospechar semejante cosa, pero lo cierto es que la parición y desaparición de una estrella en un cielo teóricamente inmutable fue uno más de los golpes de gracia que ayudaron al triunfo del sistema copernicano. La furiosa afirmación de la Encyclopedia of Spurious Science estaba, pues, completamente justificada, ya que jamás se equivocó cuando se trataba de defender una causa perdida.
Secciones:
De las tortugas a las estrellas
miércoles, 29 de mayo de 2013
Epidemiología del dengue en la ciudad
Si bien el dengue suele ser un tema del verano y no
asociado en general a Buenos Aires, las poblaciones aparecen a partir de
la primavera, pero se incuban durante el invierno. Los estudios
epidemiológicos sugieren que el control debe empezar desde el invierno.
–Cuente qué es lo que hace aquí.
–Yo empecé en el año 2003 con una beca posdoctoral del Conicet, en
la que decidí cambiar de tema: si hasta entonces me había dedicado a la
química, quería hacer algo de biología y matemática aplicada. Empecé a
dedicarme a la ecoepidemiología matemática. La idea era hacer modelos
para dengue y fiebre amarilla teniendo en cuenta la dinámica poblacional
de los vectores de esas enfermedades: el mosquito Aedes aegypti.
Inicialmente, queríamos hacer modelos matemáticos que describieran las
variaciones de mosquitos en la ciudad de Buenos Aires, como función de
la temperatura, de la cantidad de criaderos. Después, la idea era ir
aumentando la complejidad de los modelos e incorporar, por ejemplo, a la
población humana y ver la interacción con los humanos. Si el mosquito
está infectado puede contagiar a los humanos, si el mosquito está sano y
pica a un humano infectado puede levantar el virus, desarrollarlo en su
interior y transmitirlo. Así se va propagando la enfermedad. En una
primera etapa, hicimos un modelo muy sencillo de cómo varía la población
de mosquitos en la Ciudad a lo largo del tiempo. Como son de sangre
fría, su actividad varía de acuerdo con la temperatura: en invierno
desaparecen y en la primavera empiezan a eclosionar los huevos que
quedaron del invierno, empiezan a aparecer las poblaciones adultas y
luego en la época estival hay una alta población de adultos. Es allí
donde empieza el riesgo de propagación de la enfermedad.–¿Cuánto dura el ciclo de vida de un mosquito? –Una hembra adulta pone huevos; esos huevos pueden permanecer varios meses, de acuerdo con la temperatura: pueden sobrevivir a todo el invierno. Con la primavera, los huevos eclosionan, nacen larvas. Esas larvas maduran, pasan a otro estadio que se llama “pupa” y luego, de allí, emerge el adulto. La duración del ciclo depende de la temperatura. A temperaturas muy bajas, no hay ciclo porque no hay adulto. En general, dentro de los límites de temperatura de Buenos Aires, a mayor temperatura más cortos son los ciclos: si todo el ciclo del mosquito le lleva 20 días a 25 grados, a 30 grados le puede llevar seis. Los números que digo son inventados, téngalo en cuenta. Pero es la idea. Si hay temperaturas muy altas, el mosquito ni siquiera se va a desarrollar: se muere. En las temperaturas medias de Buenos Aires, al aumentar la temperatura se hacen más cortos los procesos.
–¿Hay grandes poblaciones acá en la Ciudad? –Sí. Nosotros trabajamos en colaboración con un grupo que investiga específicamente a los mosquitos, y ellos son los que hacen relevamientos de las poblaciones semana a semana en toda la Ciudad. No se puede contar cuántos mosquitos hay, en realidad, pero sí se puede contar cuántos huevos ponen. Lo que uno hace es poner trampas para huevos: uno supone que los mosquitos ponen huevos tanto en las áreas naturales como en las trampas y cuantos más mosquitos haya más huevos se van a encontrar en las trampas.
–¿Cuáles son los criaderos naturales? –Aegypti no es un mosquito que crezca en lagunas o charcos, sino que se acostumbró a crecer en lugares donde está solo como individuo. Por eso crece en tachitos, en recipientes, y por eso siempre en las campañas se dice que hay que eliminar pequeños recipientes. Todos esos lugares donde uno no encuentra gran diversidad de especies son aquellos en los que crece el mosquito. Si uno va a buscarlo en un charco, allí no está: tiene una forma de vida que hace que esté muy expuesto a predadores, y por eso crece solo. Esos ambientes son muy cercanos al hombre. Originalmente, en su hábitat natural, eran mosquitos que ponían huevos en los huecos de los árboles o en los pliegues de las hojas. Lo más parecido en el ambiente domiciliario son recipientes pequeños.
–¿Se puede dar una cifra de cuántos mosquitos hay? –No, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es cómo es el patrón espacio-temporal: las poblaciones aparecen a principios de la primavera en ciertas zonas de la Ciudad (que son la periferia: la zona sur y noroeste) y van avanzando hacia la zona del río. Por ejemplo, Palermo y Recoleta son los barrios que reciben la última oleada de mosquitos. Si uno detecta con esas trampas huevos de mosquito en Mataderos a principios de septiembre y recién los detecta en febrero en otros barrios como Recoleta, es evidente que la población es más alta desde más temprano en Mataderos. Uno lo que tiene son esas medidas, pero no hay forma de medir la cantidad de adultos. Se mide en forma indirecta, y usando modelos se puede obtener información. Lo que sí se conoce bien es el patrón espacio-temporal del mosquito.
–No hay demasiados casos de fiebre amarilla y de dengue en Capital. –En general, fiebre amarilla no se reporta. En el caso del dengue, se suelen reportar casos importados y si existe el mosquito en la Ciudad con gran actividad, con una población alta, y tenemos infectados provenientes de una zona endémica, nada impide que otro mosquito pique a un infectado, levante el virus, lo desarrolle en su interior y pique a otra persona transmitiéndoselo. Influyen muchos factores, entre los cuales está el azar. Nosotros lo que estudiamos es cuáles son los factores que pueden incidir en que estas epidemias ocurran o no. En el caso de que una epidemia ocurra, vemos qué tipo de medidas pueden tomarse para evitar que la epidemia prospere.
–¿Y cuáles son los factores que inciden y las medidas que hay que tomar si hay una epidemia? –Los factores que inciden son la temperatura y la cantidad de criaderos (disponibilidad de recipientes). Uno no puede controlar la temperatura ambiente, pero sí se puede bajar la disponibilidad de recipientes. Entonces, en general, lo que se recomienda en invierno es que se elimine todo el tacherío de los patios para evitar que el mosquito pueda desarrollarse. Según algunos estudios, el mosquito cuando tiene que poner huevos busca un nuevo lugar, es parte de la estrategia. Si uno en pleno verano le saca los sitios de cría, el mosquito no sabe dónde ponerlos, pero empieza a volar hasta encontrar nuevos lugares. Si uno en verano hace una campaña de eliminar tachos, lo que puede producir es que el mosquito vuele más de lo normal y llegue a zonas en las que no estaba. La estrategia de eliminar tachos es buena para utilizarla antes de que sea la fecha de alta actividad de adultos. Una vez que está la actividad de adultos, uno lo que puede hacer es controlar un poco la cantidad de recipientes; hay medidas que se suelen usar, que a los ecólogos no les gustan, como aplicar insecticidas (porque no solamente se mata al mosquito sino a otras especies) y se pueden tomar medidas de control. Una de las cosas que nosotros planteamos como medida de control es bloquear la transmisión del virus del mosquito al humano. En aquellas enfermedades que se transmiten de forma directa, como la gripe, uno sugiere que la gente se quede en la casa. El asunto es que si una persona tiene dengue, el mosquito que la pica puede entrar y salir y se infecta igual. Entonces con eso no alcanza: necesitamos otras medidas de aislamiento, como el uso de repelentes, el uso de insecticidas, de mosquiteros, de redes: cualquier cosa que impida el contacto entre el mosquito y el humano. Otra estrategia que estuvimos trabajando es la aplicación de insecticidas que maten a los adultos pero no de forma indiscriminada. No se trata de aplicar insecticidas en cualquier momento y en cualquier lugar: si yo sé que apareció dengue en cierta manzana, puedo suponer que los mosquitos infectados están en esa manzana y entonces dedico mi estrategia de fumigación allí y no pierdo el tiempo fumigando en un barrio en el que no pasa nada. Nosotros hicimos modelos y lo que vimos es que la combinación de ambas cosas (métodos de aislamiento y fumigación localizada) es la estrategia más adecuada. Tal vez así no logremos evitar una epidemia, pero sí que sea lo más chica posible.
domingo, 26 de mayo de 2013
París amaneció nublado
En el fondo de la materia, en lo oscuro,
donde no llega la luz, ni la mirada
en el lejano submundo
hay un fondo barroso e inestable.
Allí donde sólo reina el vacío,
los átomos se parten.
Arnold Mark: The radioactive Rabbit.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Buenos y malos pastos
DIALOGO CON MARIA VICTORIA NOVAS, DOCTORA EN BIOLOGIA
Diferentes especies de hongos, llamados endófitos, habitan en el interior de los pastos. Algunos, por las toxinas que producen, son letales para el ganado que se alimenta de las gramíneas. Otros tienen relaciones beneficiosas que dan, por el contrario, mejores pastos.
–Cuénteme lo que hace, por favor.
–Yo trabajo con endófitos de pasto. Los endófitos son hongos que
forman asociaciones simbióticas con los pastos, es decir, viven en el
interior de los pastos, pero no se ven a simple vista en el campo.
Nosotros los detectamos porque recolectamos el pasto, lo procesamos, lo
teñimos y al microscopio podemos detectar si en el interior del tejido
de esta planta se encuentran los hongos viviendo o no.–¿Y por qué nos interesa esto? –Más allá del interés básico, que es entender cómo funcionan las cosas en general...
–Desde ya... –Decía: más allá de eso, el interés del estudio de esta línea es que originalmente se veía que había ganado que, como se alimentaba de ciertos pastos, se enfermaba: gangrena, disminución de la fertilidad, se producían abortos, y no se sabía cuál era la causa. Más o menos en los ’80 se asoció que estos pastos de los que se alimentaba el ganado estaban colonizados por los endófitos. Y estos endófitos producen toxinas que enferman al ganado. Por ese lado era un problema: ¿Qué hacemos con este pasto? Eso, desde el lado “antropocéntrico”, por decirlo de alguna manera. Pero por otro lado, hay pastos que tienen estos endófitos, que no son tóxicos para el ganado, y que presentan un montón de características que son beneficiosas, por ejemplo, para el ganado mismo; o las plantas crecen mejor, o son más resistentes a la sequía, son más grandes, producen más semillas, presentan mayor competencia...
–¿Y por qué unos son beneficiosos y otros no? –Porque producen distintos tipos de sustancias: algunos endófitos producen algunas que son tóxicas para el ganado y otros producen otro tipo de sustancias que resultan tóxicas, por ejemplo, para los insectos.
–O sea que no son todos iguales. –En este caso, pertenecen al mismo género, no son todas las especies las mismas. Hay diferencias. De todas formas, en este estudio todavía queda bastante por hacer. Este fue el primer laboratorio en Argentina que empezó a trabajar con endófitos de pasto, a cargo del doctor Daniel Cabral; yo soy discípula de él y estoy continuando la línea. Nosotros hacemos un relevamiento extensivo en todo el país sobre las gramíneas nativas, tratando de determinar si están o no colonizadas por los endófitos y, si lo están, tratamos de determinar cuál es la biología. Hasta ahora detectamos solamente tres que son tóxicas para el ganado; el resto, no.
–¿Tres nada más? –Sí, tres gramíneas tóxicas para el ganado. Dos de la Patagonia y una del norte. El resto no es tóxica. Entonces hay seguramente algún beneficio que el hongo le está dando a la planta.
–¿Cómo es la interacción entre hongo y planta? –El hongo vive a expensas de la planta; no produce nada para alimentarse. El toma los hidratos de carbono que la planta produce por fotosíntesis. Está adentro de las hojitas, vive en la parte del vástago. Puede tomar del medio...
–¿Es multicelular? –Sí, es multicelular: son filamentos. El hongo, por lo menos los que están en Argentina, lo que hace es infectar la flor, crecer adentro de la semilla y así se va transmitiendo de línea materna. No se reproduce en forma independiente: vuelve a crecer en las nuevas plantas a través de las semillas.
–Bueno, es bastante “vivo”... –Sí, claro. Entonces lo que uno considera es que seguramente, para que la planta esté aguantando esta fuente que lo está comiendo (y que, por lo tanto, podría ser visto como un parásito), el hongo de alguna manera le está brindando algún tipo de beneficio. Pero algunos beneficios no son fáciles de medir.
–¿Por ejemplo? –Por ejemplo, a nivel agronómico uno lo que tiende a ver es si la planta es más grande, si tiene más masa, si produce mayor cantidad de semillas.
–Mayor cantidad de semillas es beneficioso, pero más grande no necesariamente. –Bueno, es cierto, depende del medio. Entre otros factores importantes (desde el punto de vista agronómico) nos preguntamos: ¿germinan antes?, ¿germinan después? Ese tipo de parámetros nos interesa. A veces encontramos (de hecho hemos encontrado en varias gramíneas) este tipo de asociación, trabajando en invernadero, cultivando las plantas con y sin endófito y sometiéndola a algún tipo de estrés.
–¿Qué es exactamente el estrés para la planta? –Estrés hídrico, por ejemplo. Y se ve que las plantas que tienen endófito rebrotan mejor, o crecen mejor...
–Bueno, ¿y por qué ocurre eso? –Se cree que producen hormonas o distintas sustancias que favorecen el desarrollo. Pero la verdad es que la parte fisiológica no es mi campo, no es lo que yo estudio más. Pero se cree que producen algún tipo de metabolito secundario que favorece de alguna manera el crecimiento de la planta. O pueden tener alguna toxina que hace que las plantas sean resistentes al ataque de insectos.
–¿Y qué se hace con los pastos infectados que son tóxicos? –Se trata de eliminarlos. Eso se ha hecho particularmente en Estados Unidos y en Europa; acá no hemos tenido ese problema. Pero lo que se trata de hacer es de conseguir variedades del mismo pasto que no tengan el endófito.
–¿Y se consigue? –Sí, pero a veces las semillas no son puras y vienen con alguna proporción de endófito. Lo que los agrónomos van viendo es que en los campos en que siembran las semillas teóricamente sin endófito empiezan a aparecer algunos pastos con endófito. Lo que hay que destacar es que en Argentina es muy bajo, relativamente, el porcentaje de pastos tóxicos. A nivel biotecnológico, lo que se trata de hacer ahora es ver si no se puede inocular el endófito en algunas plantas en las que se piensa que puede producir características beneficiosas desde el punto de vista agronómico. Pero se ha hecho muy poco hasta ahora: es como que hay una compatibilidad tal entre el endófito y el hospedante que esa relación no se puede exportar fácilmente a cualquier otra planta.
–¿Y cómo abordan todas estas cuestiones? –Y nosotros tratamos de abordar eso desde muchos aspectos: salimos al campo a procesar las plantas, las traemos al laboratorio, las miramos detalladamente, hacemos trabajos en vivero, químicos, fisiológicos. Un compañero de investigación está metiéndose en los aspectos moleculares y viendo qué relaciones hay entre los distintos endófitos que colonizan estas plantas, si estas plantas provienen del Hemisferio Norte, si ingresaron con el endófito y acá se diversificaron o si ya entraron líneas distintas...
–Es extraño el mundo de los hongos. –Sí, y es una investigación que nos produce muchas satisfacciones. Sobre todo, me resulta apasionante el mundo de las interacciones: sirve para ver que en el mundo las cosas no están aisladas sino que todo está conectado con otra cosa. Es interesante ver que dentro de la planta hay un universo de organismos que confluye para hacernos ver esa única cosa que nosotros vemos que es la planta. En realidad, esa planta que nosotros vemos y concebimos como una cosa aislada es producto de la interacción.



